…y 50.

 

Hola, amigos, muy buenas.

Llevo unas semanas de luces y sombras, en un año, el quincuagésimo de mi vida que mañana termina, también muy irregular, de esos de poder ver la botella medio llena o medio vacía, según se mire, como más te guste. Si hago “balance de lo bueno y malo”, que decía Mecano, resulta que:

 

  1. El supuesto gran objetivo del año era torear mañana un festival, “el festival del Magopepo”, ese del que llevo un par de años hablando y nunca llega. Mañana no será, desde luego. Este año he toreado de salón más que en mi vida, no menos de veinte o veinticinco sesiones, los viernes por la tarde en la Escuela de Valencia, con el maestro Copete. Y he toreado en el campo, antes del verano en Borriol y Náquera, la semana pasada en las Navas de San Juan. Ocho becerras que me han puesto en mi sitio, que han supuesto una tremenda cura de humildad, un darme cuenta de que una cosa son los deseos y otra las realidades. La semana pasada me llevé dos soberanas palizas, una de cada vaca, bravas, encastadas, a las que no fui capaz de poder. Me volví jodidete, frustradillo, desencantado, decepcionado de no haber evolucionado más. Digamos que para lo único que me ha servido es para darme cuenta de lo difícil que es dominar la técnica. Con lo fácil que parece, mire Vd. Pero bueno, uno es cabezota. El próximo lunes, día 29, tengo dos vacas encerradas en “Los Jarales”, Albaladejo (Ciudad Real). El proyecto sigue en pie, la ilusión renovada, será en 2015, si Dios quiere.
  2. En la mar: Íbamos a correr las 300 millas a tres, de Moraira. Se cambiaron por las 200 millas a dos de Altea. Nos tuvimos que retirar con mucha dignidad, tras seis horas de dura batalla, con génova y mayor rotas en mitad de una castaña de las duras, pero no es menos cierto que salimos (no todos salieron) y que mientras estuvimos en regata disfrutamos. Además, el traslado del “X” de regreso a Barcelona fue inolvidable. Y con el “Magopepo”, recuperado su número de vela de antaño, el ESP 505, hemos hecho algunas, de especial recuerdo la “Pepe Frasquet, de Oliva”. Y la Sal con el “Toletum”, la de los Naranjos con el “Constancia”, che, que en lo náutico-deportivo el balance no es malo. Digamos que seguimos creciendo con ilusión.
  3. El tercer objetivo era, hace un año, el de participar en al menos tres maratones (Cobeña, Roma y Valencia) y, sobre todo, disfrutar con mi hijo Pepe en su debut en la media de Valencia. Pues lo mismo, ni del todo llena, ni completamente vacía. A Cobeña fui y corrí media, por momentos muy a gusto. Roma no, Valencia sí. Y la media no la corrí con Pepe, él llegó un rato antes, pero sí la corrí y la disfruté, que al final, de eso se trata. Sin ser un gran año, el completar la maratón de Valencia sí me supuso un gratificante premio a las doce semanas anteriores en las que me cuidé mucho. De hecho, tan crecido terminé que, como muy bien sabéis, las neuronas de las inscripciones se revolucionaron.
  4. Lo del cinturón negro de judo, chufa.

 

Al final, la piedra angular de todo el proyecto era la pérdida de peso. El puto peso, que me lleva a maltraer. También aquí el balance es opinable. Peso 93,0. Cinco menos que hace un año. Cuatro menos que a final de agosto. Pero… ¡¡¡siete más que el día de la maratón!!! Solo puedo decir que lo voy a seguir peleando, que hoy mismo ya he empezado a cuidarme, a decir que no, a medir los excesos y a portarme tan bien como sea capaz. Comeré y beberé un poco más de la cuenta el domingo 28 y en Nochevieja. Y punto. El objetivo, a largo plazo, siguen siendo los soñados 75. Me conformo con estar en 80 para el ½ Ironman de Peñiscola, Fallas y Dios mediantes. Los otros cinco, con un año más hasta Sables 2016 no me preocupan ni poco ni mucho.

 

Mi estado actual de forma es poco menos que nulo, pero por el contrario estoy de nuevo motivado, me veo capaz de correr el tri de Peñiscola y los 101 de Ronda con Pedro y Ximo. Para ello he de cuidarme, cumplir los planes de Vanessa y desatender sirenas varias, tantas como me canten. Y si alguna me hace sucumbir, que al menos valga la pena, que no sea por inercia, rutina o vicio.

 

A Cobeña, por último, no iré. Con gran dolor de mi corazón, y tal y como ya dije el organizador, lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. Esa noche ejerzo de Presidente de la mejor Falla del mundo en la Gala del Sector Cañamelar-Grau-Nazaret, no puedo faltar, es uno de los eventos más importantes del año. Lo que sí me he propuesto es correr esa mañana 21km. a mi aire, por Valencia, solidario con los amigos mesetarios.

Ilusionados saludos.

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