Categoría: Gastronomía

  • Dr. Varona

    Hola amigos, muy buenas.

    Inenarrable la actuación del Dr. Varona el pasado sábado en la Falla, todo un detallazo del «afamado ilusionista», como han puesto en el llibret, para con mi hijo Pepe. Sin pasión de amigo, objetivamente, podríamos decir que resultó apoteósica, triunfal, divertida, genial, mágica, sublime, inconmensurable, espectacular, desternillante, única y repetible (de hecho, Jose Julio, te informo de que ayer ya me preguntaron varios de los asistentes por el caché y las condiciones de contratación para posibles eventos de empresas, ya lo comentaremos esta noche en la cata de vinos). Gracias, de corazón.

     Lo pasamos como los mengues. Ahora el problema de verdad lo tenemos los que vamos a actuar el próximo sábado. El listón está ni se sabe dónde. Y, encima, de cómo afrontar lo de la pirovasia (hasta carteles hay ya por la barraca, anunciandola), seguimos sin tener ni p.idea. En fin, que no nos pase nada.

    Esta noche nos reuniremos en Tinto y Oro para ensayar la cata de mañana. Una manzanilla (San León, clásica), un champagne (André Clouet Brut Gran Reserve), un dulce del Loira (Domaine des Quarres «La Magdelaine» Prestige 2005) y tres tintos (Jarrarte 2005, Vallejondo 2005 y Labor del Almadeque Merlot crianza 2003) tienen la culpa. La manzanilla con jamón de jabugo, el champagne con crema rusa de caviar, el dulce con foie y los tintos con solomillo de ciervo a la cereza, embutido y tabla de quesos. Hoy en petit comité, mañana para toda la falla. Que no nos pase nada.

    De entrenamientos y demás, poca cosa. Viernes nada, sábado dos horitas de bici, ayer nada (bueno sí, comida del Presidente de la falla, en fin…). A ver si hoy por lo menos nado un rato.

    Ilusionados saludos.

  • 28/43…

    …que diría un buen amigo.

     Hola amigos, muy buenas.

    Por no hacerlo muy largo, digamos que, de no haber sido por la espantá de Sevilla, ayer estaba yo perfecto para haber abandonado la maratón en el kilómetro quince o veinte. Pero claro, por muy taurino que se sea, dos espantás en ocho días hubiesen sido excesivas. Así que hice de tripas corazón, mandé a Josepepe a meta para que fuese recogiendo la bolsa con tiempo, no fuesemos luego a hacer tarde a la comida de La Clara con los amigos y me dediqué a darme un paseo largo por la ciudad. Al final no fue para tanto, hoy estoy mejor que nunca, se ve que le voy cogiendo el tranquillo a esto de hacerlas despacito, andando cuando se tercia, jugueteando con el tiempo, engañando al sufrimiento, tomándose uno las cosas con filosofía, como os diría, en plan guiri, de esos muchos que vienen a pasarlo bien, sin reloj, a hacer turismo. Pues eso, que la carrera bien, sin especiales problemas. Todavía me sobraron 53 minutos en meta. Si es que no hay como elegir uno bien dónde «competir». Inolvidable la entrada en meta con Mari Pau, Rivendel, debutante, emocionada. Hasta me di el lujo de ponerle personalmente su primera medalla de finisher. A ver si cuando lleve veintiocho me pilla cerca y repetimos.

    Del resto del fin de semana, muy destacable la comida de carreraspopulares/elatleta el sábado, con una conferencia/charla en que desarrollé algunos consejos para debutantes, leidas las crónicas que por ahí han puesto los amigos, se ve que les gustó. Fundación Abracadabra, ya sabeis.

    Y el almuerzo del sábado en Pinocho, el mejor bar del mundo. Garbanzos con morcilla, sublimes + chipirones con monjetes, exquisitos + gambas plancha, de esas de Denia que allí llaman de Palamós, sin comentarios + berberechos al vapor, cojonudos + la locura, un revuelto de tellinas, muy poco hecho el huevo, para volverse majara. Con cinco copitas de cava, una por plato, y la arrolladora personalidad detrás de la barra de Juanito, Pinocho, lider de la Boquería, toda una vida atendiendo por igual a currantes y marquesas, un tipo que pese a que debe haber levantado una respetable fortuna (82pavos el almuercito, y no te sientas nada más llegar, no, hay que esperar un ratito) se levanta cada mañana a las 4:30, maratoniano (15x en Bna + 1xNY, casi res), portador de la antorcha olímpica al paso por la Rambla, igual vacila con dos o tres de sus novias a la vez que habla de tú a tú a Ferran Adría cada vez que se deja caer a saludarle. Todos son pericos en su bar, por cierto, dicho sea al hilo del repasito (2-0 y gracias) que por la noche nos pegó el Español en el Olímpico. Lástima de rato que nos hubiesemos podido quedar en el hotel, descansando para el día siguiente.

     Por lo demás, la semana pasada, además del maratón, nadé dos días, uno de ellos 1.600 con Vanessa, record de esta temporada y corrí un rato creo recordar que el miercoles o jueves. Fin del cachondeito, vamos a ver si hay forma de entrenar medio en serio, aunque se avecinan dieciseis días que, en fin….

     Hoy, primer día del resto de mi vida, he corrido diez minutillos (casa-Corte Inglés) para que no me salgan agujetas. Y, ya en el Corty, me he comprado una bici nueva, una un tanto rara, medio de montaña, medio de paseo, para ir al despacho alguna tarde, dar paseos por el rio, para moverme por Valencia cuando no sea imprescindible ir de traje. De broma , más que otra cosa, para los kilómetros basura por la ciudad.

    Ilusionados saludos

  • Una menos.

    Hola amigos, muy buenas.

    Tras una semana atípica, en la que sólo nadé un rato el martes y corrí media horita el miercoles, ayer me puse en la salida de la maratón de Sevilla.

    Hacemos las cosas porque las alternativas son peores.

    Dicho quede ya, de antemano, por lo que luego explicaré. Dejadme, antes, que para situarnos adecuadamente, haga una referencia a la comida del domingo anterior, con Garbanzito y Stani, a la excelente cena del jueves con el Drink Team de carreraspopulares, a la pantagruelica comida del viernes con la Peña Despacito, a la cena del viernes en la Falla, a la agradabilísima comida de carreraspopulares del sábado, ya en Sevilla, homenaje a Javi Sanz. Esta última con actuación de magia incluida, de la que por cierto quedé bien contento, en otro post os la cuento, quizá dentro de un rato. Y, sobre todo, a la cena del sábado en Sevilla, con el amigo Balbu y las posteriores copas, unas cuantas, en «MAGIA Y MÚSICA», más conocido como «el magia», un garito con mucho sabor que regenta el mago Mario. Con actuación en directo de una cantautora granadina, Elena Bugedo, con una voz preciosa y un morro que se lo pisa. Hasta las tantas nos tuvo encandilados, disfrutando de su música y su persona, viendo como gintonic tras gintonic la maratón del día siguiente se iba complicando.

    Ya lo pasé mal de verdad en los últimos quince o veinte kilómetros de la de San Sebastián 2006 por circunstancias similares. Entonces la culpa la tuvo el museo del whisky, un maldito juego de magia que me hizo el camarero y los caramelos de gintonic. De algo me debió servir ayer la experiencia.

    En Sevilla, ayer, en realidad, cuando me encontré con Mar, en el 17, no habíamos quedado de ninguna forma, simplemente apareció allí, ni yo iba mal de ritmo (1h.25´en el km. 15 y corriendo como un señor), ni me dolían -todavía- demasiado las piernas, de momento lo único eran las lógicas, mínimas, molestias, muy normalitas, ni «me pasaba nada» especial. Simplemente estaba un poco cansado, lógico, por otra parte. Empezando ya una todavía muy incipiente pájara, en parte debida a no haber desayunado -acerca de los inútiles, incompetentes, indolentes, empleados del supuesto 5* GL en que nos alojamos también me extenderé en otro post sólo para ellos- , pero más que nada por las escasas horas de sueño, la semi-resaca, la semanita de excesos, por todo un poco. Nada grave, por si mismo, pero un inquietante conjunto para lo que se me venía encima.

    Y, por supuesto, pocas ganas de sufrir, poca motivación, en el fondo no se trataba más que de acumular unos pocos kilómetros más para Ronda, la maratón no era, no lo había sido nunca, un objetivo en si misma. Sí, claro, acabar cualquier maratón es, en si mismo, un premio bonito, ¿grandioso siempre?, quién lo podría negar, pero poco a poco la cabeza va sabiendo más de la cuenta y no siempre se deja engañar.

    Además, en alguna neurona debía haber un apartado para Barcelona, donde el domingo próximo sí voy a hacer una gran carrera, donde sí voy a empezar y terminar, preferiblemente en una marca ya medio decente, donde sí voy a dar el do de pecho, donde he decidido que correr lo mejor que a estas alturas pueda sí es algo que deseo. Y donde, además, no estará Mar y al bar de Pinocho, si Dios quiere, ya habremos ido la víspera.

    Y, con todos esos ingredientes en la coctelera, como os decía, veo a Mar en el 17. Y aquí viene lo que decía al principio de las alternativas, lo de que hacemos las cosas porque las alternativas son peores. Pues eso, que fue ver a Mar y recordar que no habíamos dado el tradicional repaso a nuestros sitios de siempre, que entre unas cosas y otras, comida, actuación, compromisos, magia, no habíamos visitado los cinco o seis garitos en que hace ya unos cuantos años empezamos a descubirnos el uno al otro, bares a los que hubiese sido la primera vez que fuesemos a Sevilla y faltásemos, todo eso en un segundo, claro, lo justo para que al llegar a su altura y preguntarme ella, «¿Qué tal cari, cómo vas?», la inmediata, automática, respuesta, con toda naturalidad, como si hubiese llevado media hora preparándola, fuese la que fue: «Muy bien, de lujo, aquí mismo lo dejo y nos vamos tú y yo a dónde realmente deberíamos estar en estos momentos.»

    Y dicho y hecho, me duché y a las doce empezamos un maravilloso recorrido por «El Quiosco de las Flores», media de manzanilla, cazón, pescaito frito, «La Bodega del Siglo XVIII», otra media de manzanilla, jamón y queso, flamenquito del bueno, recuerdos de toda una vida con Mar, «La Plazuela», dos copas de manzanilla, hueva aliñá, «El asador de María», dos manzanillas, aceitunas gordales y, para rematar la faena, «El faro de Triana», en la terraza de arriba del todo, en una mesita con el tiempo detenido, luz sevillana, fue el ratito ese en que hasta el sol se puso de nuestra parte y salió un rato a saludar, más manzanilla, gamba blanca para aburrir, tres tocinos de cielo, tres, yo solito -se ve que no debía estar muy bueno, digo- cafés y orujos de hierbas.

    A las tres perdí una negociación para habernos quedado allí arriba, en aquella terraza, para siempre (traduzcase por «hasta el lunes») y haber perdido adrede el avión de regreso a casa. Cuando el piloto inició el descenso al aeropuerto de Valencia abrí un ojo y le pregunté a Mar si ya había despegado o era que me lo estaba pareciendo a mi.

    Ilusionados saludos.

    P.S.: Esta semana prometo portarme bien, de verdad. Y el domingo que viene, en Barcelona, tratar de sacar lo más atlético y deportista que todavía quede en algún sitio de mi persona. Si es que queda algo, que también podría ser que no. Ya sabeis que siempre he dicho que me consideraba un intruso entre tanto corredor de verdad.

  • Spinning

    Hola amigos, muy buenas.

    Ayer, miércoles, se puede decir que, más o menos, hice los deberes que me había puesto Pablo. Esto es, natación y carrera a pie. Es verdad que después de comer con Mar en Tridente, el restaurante del Hotel Neptuno, la natación a primera hora de la tarde no era lo que más me apetecía, pero bueno, aun sin apetecerme lo más mínimo me fui a la piscina e hice lo que buenamente me pareció. (1.000m., de ellos 2x300br/cr + 2×150 pies/pull/crol + 100crol). Luego corrí los veinte minutos, sí, veinte minutos, que tenía en el plan.

    Hoy jueves, sin embargo, tenía 3h. de bici. Pensaba hacerlas al medio día, de una a cuatro. Entre que a las doce llovía, que se ha ido enredando el trabajo, que parecía que fuese seguir lloviendo y que, supongo, tampoco estaba yo loco de ganas por coger la bici, cuando me he dado cuenta eran las dos y pico y ya no me daba tiempo. En su lugar me he bajado al gimnasio a las ocho de la tarde y he hecho la primera sesión de spinning de mi vida. Ya veremos si no es, también, la última. ¡Qué agonía, qué manera de sudar, de sufrir! En mi vida me habían dolido las piernas por ir en bici, hoy las tengo apañaditas, ya veremos el domingo en la maratón si no me acuerdo del pspinning.

    Una duda que tengo es si siempre es así o si directamente hoy «se ha ensañado conmigo» por ser nuevo. En realidad, me temo, más que por novato, por el bocazas de mi hijo Pepe, claro, que al llegar ha empezado a decir a todos que si yo había hecho un Ironman, que si lo de Ronda, que si las no sé cuantas maratones, que si esto y lo otro. Y claro, el tipo me miraba, con toda mi barriga, con una pinta de todo menos de ciclista y debía pensar que el nano estaba vacilando. Y se ha entretenido en comprobar mi estado de forma. Que, por cierto, para mi sorpresa, cada vez va siendo menos penoso, menos lamentable. Iba jodido, claro, pero muy digno, que no me lo notasen, al final, coñas al margen, he aguantado bastante bien, mejor de lo que esperaba. Lo comentaré con el jefe Portsea, pero puede que los martes y jueves ya tengamos en qué entretenernos de ocho a nueve de la tarde. Malo del todo no será.

    Mañana toca natación, a las cuatro, en Abastos, con Vanessa. ¿Tendré valor de meterme, además, un buen entreno de judo? El sábado trotecillo corto más dos horitas de bici, todo ello muy temprano, que luego hay reuníón del Comité Organizador del 29º Congreso Mágico Nacional, en breve estará lista la web, ya vereis que chulada. Y el domingo la primera maratón del año, la de Valencia, este año pasa por debajo de casa de mi madre. Afortunadamente es en el km. 4, no creo que a esas alturas me vayan a dar ya tentaciones. Ya tengo ganas de que llegue, quién me lo iba a decir hace unas semanas.

    Luego lo celebraremos un poco con Garbanzito y Pilar, Stani y Mariló en el Tridente. Se parecerá bastante a lo de ayer, con Mar. O sea: ensalada de tomate valenciano con ventresca de atún, su hueva, anchoas y vinagreta con alcaparras y piñones y «bomba de foie» rellena de membrillo, con manzana verde. Como plato principal un arroz del senyoret, con el marisquito ya pelado y sus tropezones de pescado, cojonudo. Un buen surtidito de quesos y los postres. Originalísimo el helado de fartons con mousse de horchata. Ayer se acompañó todo de un Rueda, Belondrade y Lurtón, verdejo, con algo de madera, muy rico. El domingo ya veremos, algo caerá para reponer lo que se haya podido sudar a lo largo de la mañana.

    Ilusionados saludos.

  • 904, G.R. 1982

    Hola amigos, muy buenas.

    Ya lo hemos hablado alguna vez, es un debate recurrente. El mejor aficionado a los toros se suele decir que es aquel al que más toreros le caben en la cabeza. En 1982, añada del 904 Gran Reserva de la foto de la cabecera, andaba yo siguiendo a Manzanares por toda España. No había otro torero. Poco a poco, a base de ir viendo toros, de viajar, de esto y lo otro, sin dejar de considerar a Josemari uno de mis ídolos (sigue siéndolo, junto con Serrat y el Mago Migue) he tratado de acercarme a otras formas, a otros conceptos. ¡Hasta con Vicente, «El Soro», excelente persona, por cierto, llegué en 1993 a emocionarme en un entrenamiento, viéndole matar tres toros a puerta cerrada, en Badajoz, el año que le llevaba Pablo Lozano! Si me lo llegan a decir a mi unos años antes…

    Viene esto a cuento del especial cariño que le tengo a ese vino. Habla El Enópata de gerontoaficionados, de vino de otro tiempo, de aromas de desván, moho, bosque umbrío, hojarasca seca, de cuaderna de barco, de vino «muerto», al que contrapone el concepto de vino vivo. En estos últimos dos años me he bebido casi cuatro cajas, veintidos magnums, deben ser las que han caido ya, porque solo quedan dos. En un par de ocasiones, quizá tres, efectivamente, el vino se había ido irremisiblemente. Y punto. Pero el resto de botellas han tenido una evolución muy similar. Todas han necesitado su tiempo, su tranquilidad. Efectivamente, le sensación inicial, tras el descorche, se ha parecido mucho a esa descripción, pero poco a poco el vino se ha ido abriendo, se ha manifestado vivo. Le ha costado, sí, claro, está mayor. Y, ¿porqué no, quién tiene prisa? Siempre con mucha más madera que otros vinos que, Juan lo sabe bien, no es un secreto, también disfruto y me encantan, claro, ya se sabe, pero no por ello exento de interés. Pasa un poco como con las mujeres, ¿acaso sólo nos gustan las jovencitas que se comen el mundo con veinte años?

    Yo tengo un pequeño problema, una especie de deformación, si se quiere. Esos sabores, esos vinos clásicos, buen tempranillo, no demasiada graduación, «ariojados», si se me permite la expresión, con sus años de barrica, lineales, previsibles, siempre iguales, clásicos, vuelve a salirme la palabra, son, precisamente, los que desde que empecé a beber vino, he identificado/me han identificado con el concepto de «buen vino». Quizá me enseñaron mal. Quizá mi padre, sus amigos, en aquellos años, ¡qué años!, no conocieron otras formas de elaborar el vino (tampoco, por cierto, hace treinta años, en España, había la información que hoy tenemos). Quizá no hubiesen debido alabar, en mi infantil, juvenil, adolescente, joven presencia, esa barrica, esos bosques, esas humedades, ese humedo desván como lo hicieron. Pero chico, a base de beberlo, de que me gustase, de oir que era bueno, de saborearlo, ese sabor se me quedó dentro como «el sabor del buen vino de cuando yo era pequeño». El que yo tengo asociado a ese concepto. Y no estoy dispuesto a sacarlo de mi acervo de sabores. Admito con gusto otros, claro está, cada día más. Pero ese no sale.

    Digamos que hay otros vinos que, hoy por hoy, hasta podría admitir que, digamos, objetivamente, me gustan más. Pero el cariño, la nostalgia, la ilusión, la emoción, los recuerdos, el punto, digamos, subjetivo, de ese 904 GR.1982 es demasiado fuerte. Iba a decir «lo siento». ¡Qué coño!, no lo siento. Me encanta que así sea.

    Añadid a ello una cierta emoción por el tiempo, por los veintiseis añitos, que se dicen pronto, que han pasado. Descorchar cada botella es, además de una aventura, de una emoción, también como un repaso a estos años. Uno se recuerda tan joven, aquel verano del Rock&Rios en el jardín de casa de mi amigo Carlitos, cada tarde, nosotros descubriendo el mundo, el alcohol, el poker, el sexo, las fiestas, la amistad, la vida, todo a la vez, y el 904, ese, precisamente, ese que ahora me bebo de vez en cuando, ya en la cepa. Nos hemos esperado veintiseis años. Mientras yo golfeaba a base de bien, él estuvo en La Rioja, luego en Zaragoza, años y años en una bodega privada, reposando. Dando tiempo a que a Chemaño, buen amigo, proveedor habitual, le diese un año por correr la maratón de Valencia, brujulear por la Internet, contactar con un tal Pepo. ¿Después de veintiseis años esperándonos, no habríamos de perdonarnos algún defectillo? Por favor…

    Ya que estamos. Que sepais que hoy he corrido una media maratón, de broma, por el rio, compensada, se trataba de llegar todos a las once, cada uno salía cuando le parecía. 2h18´ indican con claridad mi actual estado de forma. Mejor que los 2h.24´de antes de Florencia, claro, pero todavía a años luz de como me tengo que poner para mayo. Ha sido el primer -y último- largo antes de las maratones de febrero. Lo he pasado bien, ya tenía ganas de sentir las piernas como palos otra vez. La siesta de esta tarde, de pijama y orinal.

    El resto de semana, bien también. Ayer 2h.45´de bici, sin novedad. El viernes 1.400 de natación, con Vanessa, todo técnica. Sin judo. El jueves corrí, mal, muy cansado. El miercoles muy bien, diez cambios de 1´rápido, 1´lento, muy intensos. Con la natación y la carrera a pie del lunes, una semanita correcta. Una más. Una menos.

    Adelgazar, lo que se dice adelgazar, lo justo. Cuatro días llevo estancado entre 91.2 y 91.5kg. Podría ser peor, especialmente si consideramos que he cenado en la falla lunes (Junta directiva), viernes (porque toca, los viernes toca) y sábado (carnaval, carnaval…). Y que comí el martes en Abadía d´Espí, con champagne, muy bien, como siempre. Es un local pequeño, con poca intimidad, pero buena cocina -a destacar los hatillos de queso fresco y langostinos, uno de sus clásicos, junto con las fideadas- aceptable bodega, buena relación calidad precio y la exquisita amabilidad de Juan Carlos Espí . Y que el miercoles le dimos un repasito a la Tratoria de Carlo, el mejor italiano de Valencia, ya os hablaré de él otro día con más detalle (y del Brunello di Montalcino, San Felice 2000, que me metí entre pecho y espalda). Resumiendo, que bastante hemos hecho con seguir en noventa y uno. A ver si estas próximas dos semanas me pongo las pilas, que las maratones están ya ahí, llamando a la puerta.

    Ilusionados saludos.

  • El Enópata

    Hola amigos, muy buenas.

    A ver si me acuerdo de como se ponían los enlaces. Así, de paso que practico un poco os presento a un gran tipo, todo un personaje, con sus partidarios incondicionales y detractores acérrimos, indiscutible -y, no obstante, discutido por la mediocridad general, claro-, genial, amigo de sus amigos, fiel a sus clientes, divertido, brillante, che, por decirlo en términos más modernillos, todo un crack.

    Señoras, señores, con todos ustedes, Juan Ferrer, «El Enópata». A él debo el recibir una vez al mes correos como el que transcribo: «El proximo martes día 29 de enero, si no recibimos aviso de lo contrario, os enviaremos los vinos seleccionados a vuestras casas. Os recuerdo que la selección estaba compuesta por el champagne André Clouet Grande Reserve Grand Cru, de todos vosotros conocido, y seleccionado por aclamación, el siguiente vino es un clásico del Rodano sur, elaborado con Garnacha, Syrah y Monastrell, se llama Châteauneuf du Pape «Les Bartevelles», y su autor es Jean Luc Colombo, un viejo conocido de todos, seguimos nuestro viaje vinicola hasta Australia, donde hemos descubierto una garnacha que enamora, curiosamente esta variedad está muy arraigada allí, y la que elabora Kilikanoon, tiene si indeleble firma de voluptuosidad y calidad. Volvemos a Europa, con un peculiar gewurztráminer elaborado por Von Buhl, seco, mineral y apasionante, como casi todos sus vinos, y terminaremos con un originalísimo vino de la tierra de Dartagnan, la Gascuña, elaborado por Domaine du Tariquet con Petit Manseng, una variedad indígena del sudoeste francés, con la que se elaboran exquisitos vinos de postre, que llaman a gritos a los excelentes hígados de pato y oca que se elaboran en esa región.» Joder, con un correo así, ¿quién puede negarse? Esa misma selección, por cierto, es la que voy a utilizar para una cata informal, sin pretensiones, que organizo el martes 11 de marzo, para los amiguetes de la falla, aprovechando que todavía podré andar sin problemas.

    Por cierto, si entrais en su web, no dejeis de leer len el diccionario la definición completa de enópata. Es buenísima.

    De paso, ya que estamos, aprovecho y os cuento:

    1.- Que los entrenos van de lujo. Sin fallar ni un sólo día. El viernes, efectivamente, primero recuperé la carrera a pie que me debía del jueves, luego hice la natación del viernes con Vanessa (1.300m., variaditos, los últimos 300 fueron 6 x 50, 25 br/25 crol a saco) y, para completar la jornada, me metí uno de los mejores entrenamientos de judo de mi vida, muy fuerte, poderoso, feliz. El sábado me limité a dar un garbeo de hora y media por el rio, con la bici de paseo. No pude con las cuestas, estaba molido de la víspera. El domingo hice 2h.20´de bici, la ida, hasta el Mareny, en 1h.14´, bien. La vuelta casi todo el tiempo acoplado, a tope, con plato grande mucho rato, adelantando gente, sorprendentemente bien, en 1h.05´. Ayer lunes nadé 900m. variaditos y luego corrí 1h.12´, incluyendo las 4xcuestas y 4xgradas que no había hecho el sábado. Perfecto. Hoy me toca descanso, lo agradeceré. Resumiendo, que todo va muy bien.

    2.- Que cada vez peso menos. Hoy 91,5kg. Y bajaaaaaando. La semana pasada tuve el viajecito de tres días a Madrid, la incursión catalana el jueves, cena en la falla el viernes y comunión importante el domingo, de los nanos de Lalo, socio fundador de la Joven Peña Gastronómica «Despacito», de las de comer y beber de verdad. Me porté como un hombre, ni una gota de alcohol, comí lo justito. Esta semana el único escollo difícil es la cena del jueves, asamblea mensual de la Asociación Gastronómico Cultural «De Tinto y Oro». Se contará.

    3.- Que en breve habrá algunos cambios en el blog, espero que de vuestro agrado. Se ruega permanezcan atentos a las pantallas.

    Ilusionados saludos.

  • Y, ya puestos, Barcelona…

    Insondables misterios de la ciencia, la báscula digital, como el corazón, dicen, debe también tener razones que la razón no comprende.

    El miercoles, tras los tres días de Madrid que ya se contaron aquí, me subía a la báscula con un ánimo muy similar al que deben llevar los pobres corderitos camino del matadero. Cual no sería mi sorpresa con un a todas luces inexplicable 93,0. Doscientos gramos menos que el domingo, al salir de viaje. No me lo creía.

    El miercoles entrené muy  bien. Natación al medio día. 1.000m., variaditos. A saber: 2x3oo (75cr/25br) + 400 cr. con pullboy. Luego, por la tarde, 10´de calentamiento con la eliptica del club y 30´de carrera a pie muy intensos, la ida sobre 145ppm., la vuelta fuerte, sintiendome muy bien, con la sensación de estar corriendo, no solo trotando, no arrastrandome, no, corriendo de verdad. Running, no jogging, para entendernos. Disfruting a toping. Más la P.F. de rigor.

    Resultado, ayer jueves, nuevo regalo matinal: 92,0kg.

    Y, claro, pasó lo que tenía que pasar. Viaje a Barcelona, reunión de trabajo, me recogen para comer…

     «Zure Etxea», se llama el garito. En la zona de Pedralbes, C/ Jordi Girona, 10. Fundado en 1975, es un vasco, no muy grande, con el aire de una casa de comidas venida a más. A bastante más, incluso. Local agradable, aunque con dos o tres mesas menos mejoraría mucho este apartado, falta un poco de intimidad. Especialmente si los de la mesa de al lado son un ex-conseller de CIU, no recuerdo el nombre, y un Letrado en funciones medio conspirativas. Gambas de Denia, a las que allí, curiosamente, llaman «de Palamós», hay que joderse, en fin, si no eran de Denia, algún abuelo suyo, desde luego, sí lo fue. Buenas, sin más. En casa, cualquier noche tras pasar por la Lonja, mejores. Chipirones en su tinta, correctos. Cocotxas de merluza en salsa verde, inconmensurables. Ensalada de frutas. Dos copas, dos, sólo dos, únicamente dos, de un cava correcto, muy rico, fresco, divertido, sin más pretensiones, «Rovellats».  El dueño, maitre, estiradillo, de esos que se creen que han inventado la restauración, con una cierta tendencia a mirarte al  50% perdonándote la vida, estilo John Wayne y al 50% calculando la pasta que él supone que llevas para levantarte con sus amables «sugerencias». Salvo que me lleven, como ayer, invitado, tardaré en volver. Puestos a pagar, en Barcelona, donde estén mis clásicos (L´Isidre, L´Abac) que se quite este. Como dato que dice mucho de mi ánimo y fuerza de voluntad, por una vez NO pasé por Pinocho, en la Boquería, el mejor bar del mundo.

     Aproveché, ya que estaba por allí, para reservar hotel para toda la familia para el sábado 1 de marzo. Sí, efectivamente, la neurona chunga volvió a dar guerra ayer y me he inscrito para la maratón de Bna. Serán, si todo sale bien, tres en quince días. Que Dios nos pille confesados.

    Viaje de vuelta, Cena de las Rebajas con la Sección de Triatlón de la S.D. Correcaminos, el entreno del jueves por el aire (se recuperará dentro de un rato, hoy al medio día, antes de nadar), total, que esta mañana de nuevo 93,0. Que no están mal, dadas las circunstancias, pero habrá que apretarse los machos cinco o seis días seguidos, de caliente, que ya me está apeteciendo ver el ocho delante cuanto antes.

    Ilusionados saludos.

  • Madrid, Madrid, Madrid…

    Hola amigos, muy buenas.

    Os dejo un resumen gastronómico de unos días por Madrid, con Mar y los nanos. Con la excusa de ver el domingo el musical de Nacho Cano (“En tu fiesta me colé”) y de asistir ayer al programa de Pablo Motos, Jandro y compañía (“El Hormiguero”) nos hemos tirado tres días fuera de casa. Esto es, más o menos, lo que han dado de si:

    Restaurante Hegar, en la Plaza Mayor. Podía haber sido peor. Nos sentamos por disfrutar un rato de la vista de la plaza, del ambiente, del solecito primaveral del domingo. Y, para mi sorpresa, comimos medio dignamente sin que se nos terminase de poner cara de japoneses. Correctillo, sin más. Eso sí, a cuarenta y tantos leuros por barba sin vino ni copas.

    Restaurante Alborán, en Chamberí, C/Ponzano, 39-41. Buena barra, Jamón Gran Reserva de “Blázquez”, bien cortado, como mandan los cánones. Los Blázquez son varios hermanos, ¿cinco?, cada uno de ellos se ocupa de una parte del proceso. Toda la producción la venden ya al tiempo de la matanza, tal es la demanda que tienen. Croquetitas cojonudas, y un adobo muy rico. Pero, sobre todo, de la picadita en la barra lo mejor la tempura de verduras, perfecta. Pasamos al salón, decoración clásica, marinera, motivos navales, ruedas de timón, barcos, latones, bronces, dos acuarios grandes, mucha luz natural. Buena gamba blanca de Huelva, impresionante rodaballo salvaje, a la parrilla. Con lo fácil que parece la parrilla y en cuanto te descuidas te cargas, por exceso, cualquier pescado. No es el caso de Paco J., cocinero, maratoniano, garabitas, amigo. Un buen Alvariño, Granbazan Ambar y un excelente servicio dirigido por Alfredo, hoy maitre, antaño matador de toros, valenciano, completaron una comida de lujo. Al parecer la especialidad de la casa, además de pescados, son los arroces. Lo que pasa es que mi religión no me permite pedirlos cuando salgo de la Comunidad. De precios, y tal, ni idea. Ya os digo, Paco J., el cocinero, es amigo. Mucha suerte en la maratón de Roma, campeón.

    En el Café Gijón, además de los 120 años de historia, de mitos, de leyendas, de esto y lo otro, de lo de que si el tiempo no es sino eso que hay entre nuestros recuerdos, de que si éste genio o aquella tertulia, que todo eso está muy bien, además, digo, siguen haciendo un café irlandés casi perfecto, rico en contrastes. Con la nata batida en cantidad justa, muy fría, muy blanca, el café muy caliente, muy negro, no dulzón (¿porqué esa puta manía de tantos sitios de cargarse el irlandés a base de azucar y más azucar?) , cargadito de buen whisky, que de eso se trata, el que no quiera whisky que se pida otra cosa, bien servido, che, como debe ser. Volveremos, D.m., tras el próximo Mapoma.

    Taberna Laredo. C/ Menorca, 14. Con Manolo, el Lobo, y Ángeles. Como siempre, un placer. Ya conocía la barra, de anteriores visitas. Ayer cenamos en el salón. Mirad, cuando entras a un garito y en la mesa de al lado está cenando Santi Santamaría, siete estrellas Michelín entre sus tres locales, la probabilidad de que te hayas equivocado es prácticamente nula. Pues eso, triunfo grande, de orejas y rabo. Un local de los de pasar cada vez que uno ponga los pies en Madrid, aunque solo sea a saludar a Miguel, el sumiller, y tomar un vinito rápido. Salmorejo, con virutas de ibérico, de locura. Revuelto de setas. Unos tacos de atún rojo, muy poco hecho, sólo plancha y sal maldom. Atún de ese que se supone que ya no queda, de los de antes de su casi extinción, de los que se pescaban en Denia cuando en Denia se pescaban. Uff, lo recuerdo y me emociono. Chuletitas de lechal, postres caseros, qué leche frita, señor, qué leche frita…Mención aparte la bodega, de las mejores de Madrid. Luis Roderer de aperitivo, muy bien para acompañar el puntito ácido del salmorejo. Y luego un “Mas de Can Blau 2004”, gran descubrimiento. D.O. Montsant, cerquita del Priorat. Mazuelo, Shiraz y Garnacha prácticamente a partes iguales. Equilibradísimo. Riquísimo en matices, en olores, en sabores. Un vino redondo, con 15% de graduación y ni una molestia, ni una nota alcohólica, ni un problema ni medio. Al revés, densidad, mucho cuerpo, mucho poderío, pero, a la vez, fácil de beber, con la fruta ahí, siempre cerca al tomarlo, persistente en el postgusto. Un pedazo de vino, de quitarse el sombrero. Un poquito más de champagne con los postres y un armagnac remataron la faena. Se habló de toros, de toreros, de herraderos, de capeas, de Manzanares, de Ponce, de lo divino y lo humano. El Lobo, maratoniano, amigo, Tomasista de pro, que ha tumbado todos los novillos que ha matado en esta vida de un único estocononazo hasta la bola, y no es coña, no me dejó comprobar como llevan Miguel y su hermano, los dueños del Laredo, la relación calidad precio. Gracias, Manolo, ya te recogeré por Valencia, ya.

    Casa Lucio. Cava Baja, 35. Llevaba tiempo queriendo conocer Lucio. Cuando no era por pitos era por flautas, nunca coincidíamos. Hoy, por fin, ha podido ser. No me ha defraudado, eso sí, hay que saber a lo que vas, no es un sitio de mariconeces, ni de puturru de fua, no, es un clásico, muy castizo, muy en la línea que imaginaba. Al final es la vieja fórmula, la de siempre, que sigue siendo infalible: Buscar el mejor producto y limitarse a no cargárselo uno, no maltratarlo. Eso, y “el típico servicio de toda la vida”. Que no es poco, claro, en los tiempos que corren. Nos dan una mesa junto a una acuarela de A. Sanchis Cortés, preciosa. Compartimos al centro de la mesa los huevos estrellados, esos son poco menos que obligados. Y alguna cosita más (Jamón del de los hermanos esos, los Blázquez again y unas angulas a la bilbaína, por eso de que el viaje se está terminando y a la noche volvemos a la cruda realidad). Luego yo me tomo un steak tartare de los mejores en mucho tiempo. Mar las chuletitas de lechal y los nanos comparten un entrecot de la casa, cortado a tiras, en su punto. Todas las carnes muy bien tratadas. Un poquito de queso, postres caseros a compartir, pacharan Baines oro. De no haber sido por las angulas y el Protos Gran Reserva 99 no hubiésemos salido a más de treinta y pocos por barba.

    Me doy cuenta, según escribo, que los tres garitos, Alborán, Laredo y Lucio coinciden en lo esencial, producto, producto y producto, servicio, servicio y servicio. ¿Me estaré volviendo un carca? Miedo me da.

    Ilusionados saludos.

    P.S.: Por cierto, los entrenos siguen bien, aunque leyendo esta entrada pueda parecer otra cosa, todo va bien, todo se ha cumplido al 100%. El jueves pasado series, el viernes la bici del domingo, impresionante, muy fuerte + judo, el sábado cuestas y bici, cansadillo. Ayer lunes, en el gimnasio del hotel 60´aeróbicos (cinta de correr + elíptica + bici) y luego 1.000m. de natación en la piscina de Villa Rosa. Hoy, como los futbolistas, baño y masaje. Mientras la familia se ponía las botas en el desayuno buffet, yo me he entretenido una horita y media en el spa del hotel, circuito termal y masaje. Mañana más.

  • Que esperen un poco

    Hola amigos, muy buenas.

    Esta entrada, sin aparente contenido, me sirve a mi mismo para ir practicando a escribir aquí, para ir aprendiendo como funciona esto de las categorías.

    Además de ir dando la brasa con magia y triatlón, que son dos cosas a las que voy a dedicar algún rato en los próximos meses, también hablaremos de toros y de gastronomía. A veces, incluso, de las dos cosas al tiempo. Pero ambos temas, por ahora, estarán un tiempo en stand by. Los toros hasta la Feria de Fallas, como pronto. «Lo otro», en fin, ya veremos, os diría que también hasta Fallas, pero me temo que la carne es debil. En todo caso, al menos unas semanitas sí tengo por narices que cuidarme en serio. Que no me cabe la ropa, joder, que la de gordo la regalé toda en el 2001 y ahora no tengo.

    Ilusionados saludos.