Hola amigos, muy buenas.

 Tómese lo de “triatleta”  casí más como un recurso lingüístico que otra cosa. Para entendernos, que se suele decir. Algunos ya sabeis a lo que me refiero. Para el resto, que por aquí pasa gente de lo más variopinta, y no todos estarán, quizá, informados, me explico brevemente.

 Se trata de que entre la gente que hace triatlón se plantea de tarde en tarde -normalmente en invierno, época en que la gente suele estar más aburrida- una absurda polémica acerca de quién puede considerarse “triatleta”. Sobre si basta para ello con apuntarse a un par de pruebas al año, ir y hacerlas o si, por el contario, para ser merecedor de tan alta distinción hay que vivir por y para el triatlón, hay que entrenar y competir al 100% de las posibilidades de uno, cuidarse al máximo, machacarse mucho, sufrir mucho en los entrenamientos, dar siempre lo mejor de uno mismo, relacionarse preferiblemente con triatletas, leer sobre triatlón, ver videos de triatlón, che, hasta echarse una novia/novio triatleta he llegado a leer por ahí como requisito poco menos que esencial.

 Si no, pues no eres triatleta “de verdad”. Vienes a ser, en su consideración, una especie de intruso, un gordo inferior al que poco menos que soportan en sus competiciones porque no tienen más remedio, pero vaya, que nunca llegará a poder acceder al selecto grupo de semidioses del Olimpo que, ellos sí, dedicados en cuerpo y alma al tema, se merecen tan alto nombramiento.

 Bueno, no sé si queda muy claro, yo me entiendo.

En todo caso, quede dicho, desde ya, que tomo prestada la denominación temporalmente, sólo para unas semanas, no más de ocho. En cuanto pase el IM de Zurich la devuelvo, renuncio de nuevo formalmente a ella, sin más trámites ni requisitos, y a otra cosa. Y sólo, como he dicho más arriba, para entendernos. Bueno, y porque espero que llevar este “diario de un triatleta” me ayude un poco a motivarme, a vivir parecido a como lo hacen ellos, mentalizarme casi como ellos, entrenar como ellos, sufrir como ellos, renunciar a tantas cosas (o casi) como ellos, portarme muy muy bien, adelgazar, entrenar como un perro, hacer todo lo que esté en mi mano en las próximas ocho semanas. Excepto lo de la novia triatleta, ya se entiende.

Otra cosa que, por lo poco que llevo visto de ese mundillo, les jode bastante a los “triatletas de verdad” -y que conste que para nada es esa mi intención al escribir esto- son los planteamientos del tipo “¿se puede hacer un IM en x semanas?”, como si se tratase de aprender alemán en diez días o chino en quince, o cocina austrohungara por correspondencia. Habráse visto, un IM, cuando ellos han pasado por todos los escalones del camino, durante años, hasta ver un día la luz blanca esa de la que habla Garbanzito a veces. Pues bueno, aún sin intención de que esto parezca un reality show de la tele, algo del planteamiento ya acabará teniendo, mal que nos pese. Finalizada Ronda, ahora toca IM a saco. El problema es que ya está ahí, quedan sólo ocho semanas, seis si quitamos las dos últimas en que no parece que sea prudente entrenar en exceso. O sea que habrá que intentar sacarles todo el partido que se pueda.

 Las lineas maestras van a ser: a) bici, bici, bici, mucha bici, hasta aburrirla. Tanta como pueda y sea capaz. b) Nadar en el mar, si pudiese, cada mañana de lunes a viernes, más un par de sesiones de técnica en la piscina. c) Cumplir con los planes de Pablo poco menos que en plan militar, religioso, triatlético, vaya y d) no competir ni en Zarautz ni en la QH, lástima de dos dorsales. Me limitaré a los tris de Valencia (01.06, olímpico) y Denia (15.06, sprint, con ida a Denia la víspera y regreso a Valencia tras la prueba en bici).

 De momento, tras los 91/101, hasta el jueves descansé. Descansar en sentido exacto, literal, sin paliativos. Nada de nada, salvo un día tonto de esos de comida, copas, cena, más copas y demás el martes. No es lo que ponía el plan de entrenamiento, claro, Pablo tiene un criterio de descanso menos riguroso. Es por ello que hasta el jueves ni lo abrí, no fuese a ser que me encontrara lo que, efectivamente, contenía.

El viernes tenía natación. Ni me acuerdo de la vez anterior que nadé. Me fuí a la piscina e hice 1.200m., a mi aire. (300 calentar, casi todo braza, 25+50+75+100+100+75+50+25 crol, descansando a placer entre cada uno, 200 con palas y pullboy, 50 con aletas, tironcillo en gemelos, me las quito y acabo con 150 braza).  Bien, muy bien. No pensaba que pudiese pasar de 1.000m. “el primer día”.

Ayer, sábado, tenía 2h. de carrera+2h. de bici, y por ese orden. Me aproximé bastante. Hice 1h.40´de carrera a pie (15´125ppm., 15´135ppm, 15´145ppm. 6×5´mitad andar, mitad corriendo a saco por la arena blanda de la playa, a reventar, brindis a Sables09, 20´de regreso, tranquilo), 14 minutos de relajada transición y 1h.40 de bici, sin mayor novedad. Casa-Perellonet-casa. Con buenas sensaciones, en general.

Hoy, cuando Mar me ha preguntado, comiendo en la Tratoria de Carlo -hay entrenos que se pueden perfectamente celebrar, ¿porqué no?- que qué tal el entreno, le he contestado que había sido el mejor entrenamiento de mi vida. Como suena. Tocaban 5h. de bici y 40´de carrera a pie. De bici han acabado siendo algunos menos (4h.20´), casa-Tavernes playa-casa, pero disfrutando como un enano. Todo el rato con el plato grande, casi todo el rato acoplado, feliz, sintiendome bien. Me he cruzado con varios compañeros del club, a los primeros no he podido reconocerles (¿Alfonso, quizá?; ¿Bisbal?). De Javi Abel, Zorol, no tengo ninguna duda, a él sí le he visto bien. Y eso que iba el tío como un misil. Toda la vuelta, desde Cullera, a tope, como si fuese una contrareloj. Cantando a grito pelado, para animarme más. Adelantando a bastante gente, incluso algunos gurpillos de tres y cuatro ciclistas. Che, inconmensurable. Hasta las cuestas de los puentes, ya llegando, donde normalmente ponía siempre un desarrollo un poco más asequible las he subido según venía, acoplado, como si fuesen llanas. Cantando “El rey”, “Hoy puede ser un gran día”, “Color esperanza” y no sé cuántas más, todo el rato cantando, feliz. Lo mejor ha venido al llegar a casa. Como venía tan fuerte en la bici, estaba poco menos que seguro que la transición me iba a costar un mundo. De hecho me he reorganizado el plan, en una rápida autonegociación para hacer diez o quince minutos de carrera, como se pudiese, y arreando. He salido con esa idea, hacia la playa, pero al cabo de cinco minutos iba como nunca de bien. Me he calentado y me he puesto a correr de verdad, sin tonterías. A los quince minutos he visto que las pulsaciones iban altas, 165, he controlado, bajan a 145, así hasta los 30 minutos, aprieto un poco, 155, aflojo, 150, es fantástica la sensación de que mi cuerpo me obedece, que hace exactamente lo que yo quiero, si quiero voy más rápido, si quiero más lento. No me arrastro por la orilla, corro, corro como un señor, playa arriba, playa abajo, con mi mono nuevo de correcaminos, esponsorizado por mi despacho. Los últimos cinco minutos a tope, por encima de 170ppm. Al final los 40´, de reloj, casi que sintiendo que no fuesen más.

El final feliz ha consistido en un maravilloso baño en la playa, allí mismo, todo sudadito, para terminar. Ha debido ser poco menos que pecado.

 Ilusionados saludos.

 P.S. De las dos comuniones que “amenazaban” el fin de semana la cosa se ha quedado en media (ayer sí fuimos, por la tarde, pero cuando la cosa se ponía ya golfa, golfa, a las once de la noche, nos escapamos a casa. A la de hoy, al final,  ha ido Macarena sola, pero vaya, lo de Tratoria de Carlo no ha debido ser mucho mejor. Es lo mismo, hoy estoy especialmente contento, no me voy a mortificar. Eso ya a partir de mañana. O no, ya veremos.