Hola, amigos, muy buenas.

La foto no es mía, es de un tal Guido Terlinden y la he tomado prestada de por ahí, de la I´net. Es que en el Camino no llevámos cámara. Tras casi cuatrocientos kilómetros desde que salimos de casa, hace ya ni se sabe cuánto, no tenemos ni una misera foto en que se nos vea a Mar y a mi con los palos, las mochilas, las sonrisas, las botas, la satisfacción, el polvo, el barro, la felicidad de estar a punto de tomarnos la primera cerveza en ese pueblo que ya se vislumbra a lo lejos. Che, ni una.

Aprovechamos el pasado puente para hacer tres etapillas más, para cambiar de provincia (por la de Toledo, vamos ya), para desconectar de la ciudad, para reencontrarnos con el absurdo placer de que te vuelvan a doler los pies, con la satisfacción que te provoca el primer rayito de sol, bien temprano, entre viñedos. Y, de alguna manera, un poco con nosotros mismos. Que también con uno mismo se reencuentra el peregrino de vez en cuando. Ah, que no se me olvide, y, en nuestro caso, para reencontrarnos, además, el sábado, de camino hacia “la salida” con La Posada del Reloj, en San Clemente (qué preciosidad de pueblo, dicho sea de paso) y con uno de los grandes descubrimientos gastronómicos que debo a esta aventura: las chuletillas de conejo a la brasa. Sí, sí, de conejo. Son como chuletitas de cordero-bonsai, con su mini palito y todo, del tamaño de una moneda de dos euros cada una. Te las comes de un bocado, claro, y alucinas de lo buenas, buenísimas, que están. Anda un poco mosca el dueño de La Posada porque dice que, siendo invención suya, ya se las están empezando a copiar por ahí. Pues eso, toma nota, si pasas por San Clemente, en la misma plaza, junto a la iglesia, las tienes. Si ves que en un tiempo prudencial no pasas por allí, no sigas esperando. San Clemente no es una montaña ni tu eres Mahoma. Planifica una escapadita con alguien querido, preferiblemente cuanto antes. Es más tarde de lo que nos creemos.

Las etapas, ya que estamos, fueron:

Domingo: Mota del Cuervo-El Toboso-Quintanar de la Orden-La Puebla de Almoradiel. 27km. Bien, sin novedad. Cazadores y conejos, a partes iguales, para aburrir. El plan era llegar a Quintanar, pero al medio día y tras varias cervezas nos vimos con fuerza y echamos siete kilómetros más, hasta la Puebla, donde llegamos ya al atardecer, con el solecito poniéndose por delante nuestro, majestuoso.  Destacables, la casa de Dulcinea y el general ambiente cervantino en El Toboso y el alojamiento en La Puebla, en la Casa Rural Las Olivitas.

Lunes: La Puebla de Almoradiel-Villa de Don Fadrique-Villacañas. 20km. Mar llega “tocadilla” de la pierna derecha. Ducha en Hotel Europa y dos kilómetros extra, cuesta arriba, por el pueblo, hasta el muy recomendable garito donde comimos: Restaurante Montes. El típico sitio bien de toda la vida, familiar, buen servicio, excelente producto. Bien montado, con terrazas acristaladas, mucha madera, vidrieras, muebles caros, che, un sitio la mar de apañado. Con pinta de haber sido testigo de muchas operaciones de compra-venta de puertas de los industriales locales a sus clientes de fuera. Nos bebimos una de Quercus, ¡qué placer, qué gran placer, el reencuentro con el buen tinto tras semanas de semi-abstinencia!, comimos unas setas plancha de escándalo, también recuerdo unos lomos de bacalao fresco a la romana, alguna cosita más. Los gintonics, con un puro, en una de las terrazas acristaladas, fueron la guinda a un lunes poco menos que perfecto.

Martes: Villacañas-Tembleque. 20km. Bien, sin novedad. De nuevo cazadores por todas partes. El paisaje cambia un poco, ya no son solo viñedos, vamos encontrando algún olivar, la Sierra de No Sé Qué todo el rato a nuestra derecha. Paramos a almorzar en un solitario pinar, qué relajación, que gusto. Tranquilamente, chino chano, vamos llegando a Tembleque. Preciosa su Plaza Mayor. Donde echamos las penúltimas cañas en el mesón, antes de emprender el camino de regreso a la cruda realidad. Ésta, desde la que os escribo.

Alegres, ilusionados saludos.

P.C:; Mañana tenemos regata en Denia, con el “Jambo”. Ya os contaré la semana que viene.