Hola amigos, muy buenas.

 Han pasado casi tres semanas, no tiene mucho sentido, supongo, una crónica al uso. En su lugar voy a tratar de recordar cuatro cositas, las que a estas alturas me quedan en el recuerdo, con eso daremos el trámite por cumplido.

Recuerdo, en primer lugar, un frío de narices antes de empezar. Agua por todas partes, venga a llover, sin un sitio donde resguardarte un poco, los dos mil y pico participantes allí, hora y media antes ya con los neoprenos puestos y, así y todo, heladitos de frío. Maravillosa la sensación de calorcito al entrar al lago para empezar la natación. Claro, el agua estaba a 22º, fuera estábamos a 9 o 10, y venga a llover, y con vientecillo helado. La sensación térmica fuera, horrible, dentro del lago increible, como si acabases de entrar en un inmenso jacuzzi de agua mineral.

 Recuerdo que nade mal. Especialmente mal, quiero decir. Peor que hace un año, con una extraña, sorprendente, sensación de cansancio que nunca antes había tenido nadando. Como si no avanzase, con los brazos y hombros ciertamente cansados. Habrá que entrenar un poco más el año que viene, que este me he tomado la natación a chufla y no puede ser.

Los primeros ocho o diez kilómetros de bici los dedico a desayunar de nuevo, un par de croisancitos rellenos de jamón y queso y una barrita de chocolate. Rodando despacio de verdad, a 15-16km./h. Me adelantan los pocos que debía llevar detrás al salir del agua. Sigue lloviendo a cántaros. Sigue el puto frío. Cuando decido empezar a pedalear mínimamente en serio no puedo. Tengo las rodillas agarrotadas, doloridas, uff…..Sólo tirando de emociones, de recuerdos de los niños, de ilusión, sólo a base de coco, coco y más coco consigo tirar para delante. Hasta el km. cuarentaytantos no empiezo a ir medio bien. Sobre el 45, más o menos, adelanto al primero. Luego vendrían unos pocos más. Bien, o que se dice bien, a partir del 70, muy bien, incluso a ratos. Acoplado, rodando fuerte, disfrutando. La tachuela del 85 la subo en estado de gracia, a saco, de pie en la bici, gritando, jaleando a los muchos espectadores, mi mejor recuerdo deportivo del día. Bueno, sin contar la pasada en el 95 a uno con camiseta de Carnicas Serrano y la bici de Bahamontes. ¡Pués no se ponía a darme palique el tío! Un abrazo, Javi, campeón. La segunda vuelta de bici mucho mejor que la primera, al final, incluso, paro de llover. Se podría decir que esos segundos noventa kilómetros sí los disfruté de cabo a rabo.

La carrera a pie, perfecta. Controlando en cada momento la situación, haciendo siempre lo que yo quería, sintiendome muy muy fuerte. La primera vuelta entera corriendo, en la segunda intercalé, tal y como había planificado antes, 14´andando que fueron 24´en la tercera. La cuarta la tenía prevista en modalidad “libre, lo que te pida el cuerpo en cada momento”. Lo clavé, eso lo bordo, claro. Hasta el km. 40 todavía podía correr cuando me apetecía. Al final 45´menos que en la maratona del IM del año pasado, sólo siete u ocho minutos más que en Mapoma, muy satisfecho, me dejó con gran sabor de boca.

La entrada en meta, con los nanos, inenarrable. Emocionante. Muy bonita. Al final será verdad que el IM es, en el fondo, eso, emociones a flor de piel.

Lo dicho, en resumen, una buena carrera en un día de perros. El año que viene, en Barcelona, otro. Si Dios quiere.

Ilusionados saludos.

P.S. La comida del lunes en Schaffhausen con toda la banda del autobús, más Xelvatico y Jesús Genovés, con sus familias, imborrable. Las cervezas del martes, con Talín y Zuri, junto al lago, agradabilísimas. Es parte de la gracia del IM, compartir con los amigos felicidades y experiencias el día después.