Hola amigos, muy buenas.

 Os cuento un poco como ha ido la cosa este finde:

 El viernes, descansé.

El sábado tocaba bici, Valencia-Denia, unos 92km., con viento a favor, salvo los últimos quince o veinte kilómetros. 3h.45´. Descansado, fresco, muy a gusto. Por momentos incluso rapidillo, hice varias pruebas de un kilómetro, a ver en cuánto me iban saliendo, recuerdo 1´52´´, 1´49´´, 1´47´´. Mucho rato con el plato grande. Disfrutando, sintiendome medio triatleta, si me permitís la categoría, sólo para entendernos, Dios me libre de decirlo en serio.

Esa tarde ya empezó a liarse la cosa con los amigos en casa, granizados de café con leche merengada, copas de brandy, divertida tertulia. Cenamos en Denia en un garito muy muy recomendable, La Seu de Miquel. De lujo. En broma en broma, con los cambios de hora, unas cosas y otras, dormí poco y mal.

El domingo hice media media maratón. Le tengo pillado el tranquillo a la de Denia, en el km. doce vuelves a pasar por la salida/meta, es el momento perfecto para un visto y no visto. Por mucho que corran tus invitados aún llegas a casa el primero, a preparar el aperitivo a los amiguetes. El resto de la jornada no la cuento con mucho detalle, que me da risa. Si quieren que la cuenten ellos. Tras aperitivo, comida, copas, exhibición/clases prácticas de truc, más copas, logré que los últimos de Filipinas se marchasen a sus casas justo cuando ya llegaban los invitados del turno de cena. Vuelvo a dormir poco y mal.

Ayer lunes me despierto con el tiempo justo para dos horitas de tenis con Pepe y un amigo. Intensas, como si me fuese en ellas algo. Comida familiar y a las tres y media, por fin, me hago el ánimo de coger la bici, Denia-Valencia. Por no hacerlo muy largo, las peores cuatro horas treinta y cinco minutos que recuerdo de mi vida deportiva. Ya en Gandía estuve a punto de llamar a Lecter y haberle dejado la bici en su casa. Me autoengañé, “venga nano, aunque sea llegas a Cullera y ahí ya coges el tren”, seguí como pude, muy mal, en Cullera tiré de Espíritu Finisher, gracias Talín, hasta el Mareny, con otro engaño, esta vez me prometí una pizza y si hacía falta ya cogeríamos luego un taxi la bici y yo, luego un poquito más, hasta el Perello, así hasta llegar a casa. Todo el rato con un horrible viento en contra, pasando las de Caín. Pero bueno, me queda el consuelo de no haber abandonado, de haber llegado. Se podría apuntar en la categoría de entrenamiento sicológico, supongo. En el haber podría incluir, también, que de Cullera a casa -antes ni de coña- fuí casi todo el rato acoplado. Despacito, sí, pero tratando de encontrar una postura aerodinámica. Lo que, por cierto, con el ventarrón que hacía descubrí que se agradece y todo.

 Hoy he hecho yoga al medio día, ya tenía ganas, a ver si me engancho a ir un par de veces por semana. Y tengo la intención (espero que no sea “sólo la intención”) de nadar un rato a última hora.  Veremos si todavía me acuerdo o directamente me ahogo.

 Por último, permaneced atentos al post-it del peso en los próximos días/semanas. Va a ser alucinante.

 Ilusionados saludos.